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Nuevo Mando Policial Asume en Bucaramanga y Santander

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Transformaciones en el mando policial de Bucaramanga

Bucaramanga empezó la jornada del miércoles con un importante cambio en su estructura de seguridad. El brigadier general Miguel Andrés Camelo Sánchez, quien hasta ahora lideraba la Policía Metropolitana de Barranquilla, ha sido nombrado nuevo comandante de la Policía en la capital santandereana. Esta designación se enmarca dentro de la renovación de altos mandos promovida por el presidente Abelardo de la Espriella, en el contexto de una nueva estrategia de seguridad a nivel nacional.

Camelo Sánchez, originario de Tocaima, Cundinamarca, cuenta con más de 30 años de experiencia en la Policía Nacional. Posee títulos en administración policial y administración de empresas, además de haber realizado numerosos posgrados en áreas relacionadas con la seguridad. Su trayectoria incluye cursos y diplomados en tácticas de protección, colaboración con la Policía Comunitaria, manejo de unidades, derechos humanos y estrategias contra la corrupción, lo que le otorga un perfil considerado integral dentro de la institución.

El general asume el cargo en reemplazo del general William Quintero, quien estuvo al frente de la Policía Metropolitana de Bucaramanga. Además, se están llevando a cabo cambios en la dirección del Departamento de Policía Santander, donde el coronel Luis Fernando Atuesta Zárate tomará las riendas, procedente del comando de Bogotá, asumiendo el puesto del coronel Néstor Arévalo.

Con estos cambios, tanto Bucaramanga como el departamento de Santander quedarán bajo una nueva línea de mando, en un momento crucial donde el Gobierno nacional busca implementar una renovada estrategia de seguridad y realizar una revisión exhaustiva de los mandos de la Fuerza Pública en diversas regiones del país.

Hasta el momento, ni la Policía Metropolitana de Bucaramanga ni la Gobernación de Santander han informado sobre la fecha exacta de la ceremonia de posesión de los nuevos comandantes, aunque se anticipa que el relevo oficial tendrá lugar en los próximos días.

Resultados de Loterías y Chances del 26 de Agosto de 2026 en Colombia

Resultados de Loterías y Chances del 26 de Agosto de 2026 en Colombia

Resultados de loterías y chances en Colombia - JOANPA NEWS

–Los siguientes son los resultados del Baloto, las loterías y chances que jugaron este miércoles 26 de agosto de 2026 en el territorio colombiano:

Baloto 20 – 30 – 33 – 35 – 41 – Superbalota 05
Baloto Revancha 02 – 18 – 19 – 25 – 26 – Superbalota 08

Valle 9934 – Serie 261
Meta 8134 – Serie 096
Manizales 4128 – Serie 102

Dorado
Mañana 3820 – La 5ta 7 – Tarde 4799 – La 5ta 3

Culona
Día 8989 – Noche 1319

Astro sol
7372 – Signo Cáncer

Astro Luna
9087 – Serie Géminis

Pijao de Oro
9667 – La 5ta 7

Paisita
Día 6191 – La 5ta 8 – Noche 9092 – Tigre

Chontico
Día 6253 – La 5ta 5 – Noche 7964 – La 5ta 3

Cafeterito
Tarde 3442 – La 5ta 6 – Noche 4927 – La 5ta 7

Sinuano
Día 3008 – La 5ta 3 – Noche 8490 – La 5ta 2

Cash Three
Día 539 – Noche 329

Play Four
Día 8375 – Noche 2552

Samán
Día 9899

Caribeña
Día 5995 – La 5ta 4 – Noche 3007 – La 5ta 0

Motilón
Tarde 4775 – La 5ta 5 – Noche 2865 – La 5ta 2

Fantástica
Día 0738 – La 5ta 3 – Noche 0363 – La 5ta 4

Antioqueñita
Día 5325 – La 5ta 0 – Tarde 5242 – La 5ta 5

Evening
9344

Recuerda verificar los resultados en las páginas oficiales de cada entidad.

Trágico accidente en Curos cobra la vida de Mauricio

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Un trágico accidente en la vía que conecta Bucaramanga con San Gil resultó en la muerte de un motociclista, identificado como Mauricio Barbosa Umaña, de 37 años. La colisión ocurrió en el sector de Curos, donde Mauricio circulaba en su motocicleta con la placa OSC 35H.

De acuerdo con testimonios de testigos que presenciaron el incidente, el camión de tipo turbo, de color negro, había adelantado a otros vehículos momentos antes, invadiendo de forma imprudente el carril contrario. En ese instante, Mauricio venía en dirección opuesta, lo que dio lugar a un choque frontal de gran magnitud, sin posibilidad de evasión por parte del motociclista.

A pesar de que las personas en las cercanías acudieron rápidamente a asistirle y lograron llevarlo con vida a un centro médico del área metropolitana, las lesiones que sufrió fueron severas. Los médicos realizaron esfuerzos para estabilizar su condición, pero, lamentablemente, Mauricio falleció poco después de su llegada al hospital.

Las autoridades están actualmente investigando las circunstancias que rodearon el accidente, con un enfoque particular en la maniobra del conductor del camión, quien pudo haber infringido las normas viales al invadir el carril de manera peligrosa, especialmente en un tramo de la vía donde los adelantamientos son especialmente arriesgados para los motociclistas.

La tinaja de Juana Sánchez: memoria de barro y agua fresca

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Por: Diógenes Armando Pino Ávila

Una de las faltas que cometía a diario cuando era niño era llegar del colegio acalorado, quitarme los zapatos, tirar la camisa donde Dios quisiera y correr directamente hacia la tinaja. No hacia la nevera, porque en aquellos tiempos la nevera no era precisamente la reina de la casa. La reina era la tinaja.

Mis tías abuelas eran dos. Hoy solo queda una. La otra murió cuando yo todavía era niño. La que sobrevivió solía gritarme desde su taburete:

—¡No tome agua ahora! Está sofocado y se puede resfriar.

Yo, por supuesto, no le hacía caso. A esa edad uno cree que los adultos inventan enfermedades para impedirle tomar agua. Metía el jarro en la tinaja y aquello era una bendición. El calor del mediodía parecía quedarse por fuera. La mano sentía el frescor del barro y uno tenía la impresión de que acababa de abrir una ventana directamente hacia el río. Porque la tinaja no guardaba solamente agua. Guardaba frescura. Guardaba paciencia. Y, sin que nosotros lo supiéramos, guardaba también una parte de nuestra memoria.

En las casas de la Depresión Momposina siempre había una. En la sala, en la cocina o en algún rincón donde pudiera cumplir dignamente su oficio de apagar sed. La tinaja tenía su propio trono: el tinajero. Era una estructura de madera, de cuatro patas, levantada unos cincuenta centímetros del suelo. Arriba descansaba la vasija y, detrás, una especie de reja se elevaba hasta casi un metro ochenta para terminar en una repisa donde esperaban el jarro y los vasos.

Y había una regla sagrada: El agua se sacaba con el jarro, no con el vaso. Uno llenaba el jarro y luego servía. No había que preguntarle a nadie por qué. Era así porque así debía ser. En aquellos tiempos había normas para todo. Hasta para tomar agua.

La tinaja era panzuda, de boca estrecha y cuerpo ancho. Y tenía una particularidad maravillosa: sudaba. Pequeñas gotas de agua aparecían en su superficie y descendían lentamente por el barro cocido. Aquellas gotas eran como un aviso: El agua está fresca. Sírvase usted mismo.

Y no había nevera que pudiera competir con semejante tecnología. La tinaja no necesitaba electricidad, compresor ni recibo de energía. Solo necesitaba barro, aire y unas manos capaces de convertir la tierra en una vasija. Una tecnología antigua que, dicho sea de paso, nunca se dañaba por falta de corriente.

Pero aquella tinaja de mis recuerdos no era de cualquier lugar. Venía de Juana Sánchez. Y detrás de ese nombre hay una historia de mujeres, barro, río, tambora y memoria. No sé si alguna vez estuve en Juana Sánchez cuando era niño o si terminé construyendo el recuerdo después de escuchar tantas veces hablar a los mayores. Ellos nombraban aquel pueblo con una especie de respeto especial.

Juana Sánchez estaba allí, en el mundo anfibio del Magdalena, recostada en el extremo oriental del Brazo de Loba, entre ciénagas, caños, islas y espejos de agua. Una tierra donde uno nunca sabe muy bien dónde termina el río y comienza el patio. Y allí estaba el barro. Una arcilla que parecía haber sido puesta por la naturaleza con un propósito muy concreto: que las mujeres la convirtieran en tinajas.

Los mayores contaban que los primeros pobladores de la comarca eran descendientes de los chimilas, pueblo que aprendió a vivir leyendo el comportamiento del agua y de la tierra. Con el tiempo, las manos de las mujeres de Juana Sánchez aprendieron a leer también el barro. No necesitaban torno. Necesitaban paciencia.

Se sentaban en los patios de tierra y comenzaban a enrollar el barro. Un rollo encima de otro. Y otro. Y otro. Así iban levantando las paredes de la tinaja, calculando con los ojos el grosor, la curva y ese vientre generoso que debía guardar el agua. De allí nació lo que conocemos como rollo tinajero.

Una técnica que parece sencilla hasta que uno intenta hacerla. Entonces descubre que el barro tiene carácter. Y que, si uno no sabe tratarlo, termina haciendo cualquier cosa menos una tinaja. Aquellas mujeres sabían. Sabían cuándo apretar, cuándo dejar reposar y cuándo corregir.

Después venía el fuego. El horno convertía la arcilla en vasija y le daba ese color de tierra cocida que luego, bajo el sol de la Costa, terminaría cubriéndose de pequeñas gotas de agua fresca. Era una relación sencilla y profunda: mujer, barro, fuego y agua. Cuatro elementos que, juntos, terminaron formando parte de la vida cotidiana de buena parte de la Costa Caribe.

Pero Juana Sánchez no solo produjo tinajas. También produjo historias. Y aquí aparece la magia de nuestros pueblos: cuando una historia es demasiado buena para dejarla morir, alguien termina metiéndola en una canción. Cuenta la tradición que bajo las aguas del Magdalena existe una piedra que alguna vez le cerró el paso a un barco a vapor.  El barco era El Santander, uno de los primeros vapores que surcaron el río en el siglo antepasado.

La piedra no se movió. El barco a vapor tampoco. Solo que el barco llevaba las de perder. Terminó encallado y hundido. No sabemos si el capitán gritó, si maldijo la piedra o si los habitantes del pueblo corrieron a la orilla para presenciar el espectáculo.

Pero sí sabemos algo: el pueblo no dejó que la historia se perdiera. La convirtió en tambora. Y todavía se recuerda en aquellos versos:

Ay, sí,  
ay, no, 
al derecho y al revés, 
la piedra de Juana Sánchez   
ha derribado El Santander.

¡Qué manera tan nuestra de hacer historia! Otros pueblos levantan monumentos. Otros escriben libros. Nosotros, además, agarramos un tambor y cantamos. Y así, mientras el río sigue pasando, la historia también. De generación en generación. De cantadora en cantadora. De tambora en tambora. Por eso he pensado muchas veces que en la Depresión Momposina la memoria no necesita necesariamente archivos. A veces necesita una buena cantadora.

Pero el tiempo también pasa. Y pasa llevándose cosas que uno nunca creyó que desaparecerían. Juana Sánchez fue perdiendo pescadores. El río comenzó a sufrir los efectos de la minería, la ganadería y otras actividades que han alterado su cauce y su relación con las comunidades. Y también comenzó a perder tinajeras.

La modernidad llegó con sus maravillas. Llegó el plástico. Llegó la nevera. Llegó la comodidad.Y la tinaja, que durante generaciones había sido indispensable, empezó a recibir un mensaje bastante cruel: “Ya no te necesitamos.”

La pobrecita no tuvo cómo defenderse. No podía competir con la nevera. La nevera tenía enchufe. La tinaja tenía porosidad. Y en la carrera hacia la modernidad, ya sabemos quién ganó. La tinaja terminó arrumada en algún patio. Después se convirtió en matera. Luego en adorno. Y finalmente, en recuerdo.

Pero en Juana Sánchez todavía quedan mujeres que se niegan a dejar morir el oficio. Según me cuentan, hoy solo cuatro permanecen fieles al rollo tinajero: Elizabeth, Aislanth, Temilda y Celia. Cuatro mujeres. Todas mayores. Cuatro pares de manos que todavía saben hacer lo que sus madres y sus abuelas aprendieron antes que ellas. Se sientan en los patios de tierra y vuelven a enrollar el barro. Una vuelta. Otra. Otra más. Mientras el mundo corre, ellas siguen trabajando despacio. Y quizás allí está precisamente la lección. Porque el barro no sabe de afanes.

Lo más triste no es que desaparezca una vasija. Lo verdaderamente triste es que desaparezca el conocimiento que había detrás de ella. Porque una tinaja no era solamente una manera de conservar fresca el agua. Era una técnica. Era una tradición. Era un oficio. Era una forma de relacionarse con la tierra. Era también un lugar de encuentro.

Uno llegaba a la casa, tenía sed, se acercaba a la tinaja, tomaba agua y, mientras tanto, conversaba. La tinaja podía convertirse en una pequeña plaza pública doméstica. Allí uno llegaba por agua y terminaba enterándose de medio pueblo. Eso tampoco lo hace la nevera. La nevera enfría. La tinaja, además, conversaba.

Por eso, cuando pienso en la tinaja de mis tías abuelas, entiendo que no estoy recordando simplemente una vasija. Estoy recordando una manera de vivir. Una época en que las cosas tenían tiempo. En que el agua esperaba. En que el barro tenía oficio. Y en que las historias no necesitaban internet para viajar. Les bastaba una voz, una tambora y un río.

La tinaja de Juana Sánchez es, entonces, mucho más que una pieza de barro. Es la memoria de un pueblo. Es la historia de unas mujeres que aprendieron a domesticar la arcilla. Es el río Magdalena convertido en vasija. Es el agua fresca esperando en silencio a quien llegue con sed. Y es también una advertencia.

Porque cada vez que desaparece una tradición, no perdemos solamente algo antiguo. Perdemos una manera de entender el mundo. Quizás por eso todavía me gusta imaginar aquella tinaja de mi infancia, sudando lentamente bajo el calor de la tarde, mientras mi tía abuela gritaba desde el taburete:

—¡No tome agua ahora! Está sofocado y se puede resfriar.

Y yo, como todos los muchachos de entonces, esperaba que se distrajera para meter el jarro.

Hoy sé que no era solamente agua lo que bebía. Era río. Era barro. Era memoria. Era Juana Sánchez. Y mientras en algún patio de ese pueblo Elizabeth, Aislanth, Temilda o Celia sigan enrollando un poco de barro entre sus manos, todavía podremos decir que la historia no ha terminado.

Porque mientras alguien moldee la arcilla, alguien recuerde la copla y alguien siga cantando:

Ay, sí,  
ay, no, 
al derecho y al revés…

la piedra de Juana Sánchez seguirá allí.

El río seguirá contando su historia. Y la tinaja, aunque ya no reine en nuestras casas, seguirá guardando un poco de aquella agua fresca con la que alguna vez aprendimos que la memoria también puede tener sabor.

Detenido por robar un peluche y llevar corbata

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Un joven, vestido de traje y con corbata, se convirtió en el protagonista de un curioso incidente ocurrido en una floristería de Floridablanca. El hecho, que tuvo lugar el mediodía del pasado lunes 24 de agosto, fue captado por las cámaras de seguridad del establecimiento y ya ha generado especulaciones en las redes sociales, donde se busca identificar al sospechoso.

De acuerdo con los testimonios de los empleados de la floristería Flower Country, el individuo ingresó al local expresando una urgente necesidad de comprar un peluche. Aseguró que quería sorprender a su novia en su cumpleaños número 15, quien, según narró, estaba a punto de salir del colegio. Su discurso convincente lo llevó a solicitar una atención rápida, alegando que no podía llegar tarde a la celebración.

Mientras la vendedora le ayudaba a elegir entre varias opciones, el joven mantuvo una conversación animada sobre los productos, alargando innecesariamente la atención. En un momento de distracción, aprovechó la ocasión para apoderarse de un peluche de Stitch, el famoso personaje de Disney, y salió corriendo del local sin realizar ningún pago.

Las grabaciones muestran cómo, una vez que puso un pie en la calle, se dirigió rápidamente hacia una motocicleta que lo aguardaba en el exterior. Subió al vehículo y desapareció en cuestión de segundos, dejando a la vendedora atónita y sin comprender del todo lo sucedido.

El video del hurto ha sido compartido ampliamente en redes sociales por la floristería, con el objetivo de que la comunidad colabore en la identificación del joven, que, con su atuendo formal y una historia romántica bien elaborada, se llevó un peluche sin intención de pagar.

Resultados de Loterías y Chances del 25 de agosto de 2026 en Colombia

Resultados de Loterías y Chances del 25 de agosto de 2026 en Colombia

Resultados de loterías y chances en Colombia - JOANPA NEWS

–Los siguientes son los resultados de las loterías y chances que jugaron este martes 25 de agosto de 2026 en el territorio colombiano:

MiLoto 04 12 17 24 33

Cruz Roja 4939 – Serie 112
Huila 7401 – Serie 168

Dorado
Mañana 1880 – La 5ta 1 – Tarde 4772 – La 5ta 6

Culona
Día 6463 – Noche 3926

Astro Sol
0779 – Signo Escorpión

Astro Luna
3515 – Signo Capricornio

Pijao de Oro
2785 – La 5ta 6

Paisita
Día 9483 – La 5ta 9 – Noche 2263 – Zorro

Chontico
Día 9529 – La 5ta 5 – Noche 7368 – La 5ta 8

Cafeterito
Tarde 9962 – La 5ta 3 – Noche 6605 – La 5ta 9

Sinuano
Día 8822 – La 5ta 1 – Noche 0321 – La 5ta 7

Cash Three
Día 755 – Noche 299

Play Four
Día 5582 – Noche 3095

Samán
Día 7771

Caribeña
Día 9680 – La 5ta 8 – Noche 3945 – La 5ta 7

Motilón
Tarde 7828 – La 5ta 2 – Noche 9610 – La 5ta 9

Fantástica
Día 8111 – La 5ta 6 – Noche 8893 – La 5ta 3

Antioqueñita
Día 7277 – La 5ta 7 – Tarde 5284 – La 5ta 8

Evening
0981

Recuerda verificar los resultados en las páginas oficiales de cada entidad.