Y hablando de imprudencia vial, estas no solo se cuentan en choques y accidentes. Hay otra costumbre que ya son paisaje y que no debería: las motocicletas usando los senderos peatonales como si fueran pistas de carrera o usándolos como parqueadero “seguro”. Y ojo, estos espacios no son “carriles VIP” ni “atajos mágicos” para esquivar el trancón, ni mucho menos garajes improvisados. Son para que caminen personas, no para que rueden o se estacionen motos, aunque en algunos momentos del día no haya mucha gente en estos senderos, eso no justifica invadirlos.
Lo curioso es que no siempre son jóvenes los que lo hacen. Recientes imágenes han dejado en evidencia cómo, en pleno día, incluso personas que por su oficio o papel en la comunidad, deberían ser ejemplo, terminan cayendo en esta mala práctica. Esto deja claro que el problema no es solo de sanciones, sino de cultura ciudadana. Convertir el sendero peatonal en autopista o parqueadero de dos ruedas es como invitar al peligro y a la incomodidad a instalarse al lado de quienes caminan.
Claro que hace falta que las autoridades metan mano, hagan más controles y pongan las sanciones que correspondan, pero la solución no está solo en el comparendo. Aquí todos tenemos tarea: respetar los espacios, pensar en el peatón y entender que las normas no están para incomodar, sino para evitar tragedias. Parte de eso también es buscar opciones de parqueo que no afecten la movilidad de peatones ni de otros conductores, para que nadie tenga que recurrir a estas prácticas.
Un sendero peatonal es como el patio de la casa: se respeta porque es de quien camina, no de quien conduce o estaciona. Cambiar la costumbre de usarlo como pista o parqueadero es responsabilidad de todos. De nada sirve exigir que la ciudad sea más segura si nosotros mismos abrimos la puerta al riesgo con cada imprudencia y mal hábito.




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