lunes, febrero 26, 2024
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Usiacurí, Julio Flórez y el Papi Jimmy –

Por: Diógenes Armando Pino Ávila

    En el mes de diciembre, estuve unos días visitando mi familia en Barranquilla, me acompañaba Wlady, mi hijo, y asfixiado por la ciudad, decidimos visitar los sitios turísticos de la Llamada Puerta de Oro de Colombia, y sí visitamos sus nuevos monumentos, recorrimos el Malecón, intentamos llegar al Museo del Caribe , y mientras yo intentaba entrar a la aplicación Waze para que nos guiara por la ruta más corta, mi nieta entro a la página del museo y nos leyó que el horario de atención terminaba. Regresamos a los monumentos y, lo de siempre, fotos con los nietos y mi hijo, charlas culturales a los jóvenes de la familia y la infaltable mamadera de gallo de cuando nos reunimos en familia.

    Ya de regreso a casa, planeamos el recorrido del día siguiente, miramos mapas y escogimos sitios: Puerto Colombia, Salgar, Usiacurí y otros.  Y en efecto al día siguiente emprendimos el recorrido, esta vez iba conduciendo mi hijo y me acompañaban dos de mis nietos menores. No voy a contarles lo de los pueblos a orilla del mar, pues este solo echo les permite su desarrollo y despegue económico con el turismo, pero hubo uno de los pueblos del departamento del Atlántico que no queda a orillas de mar y, que me llamó poderosamente la atención fue Usiacurí.

    Usiacurí es un pueblo relativamente pequeño con calles accidentadas, ya que la topografía del lugar, está poblada de pequeñas lomas, lo llamativo de ese pueblo es como han utilizado los espacios, convirtiendo todos los accidentes del terreno en algo digno de mostrar, pequeños parques, miradores, el colorido de los techos del barrio que queda a espaldas de la iglesia y que desde ese mirador se observa como si fuera un lienzo inmenso donde se dibujaron en las tejas de los techos una serie de figuras coloridas que en su conjunto semejan un mural.

    Otra cosa digna de mencionar, son las artesanías en palma de iraca que tiene su presencia en “La casa del artesano”, con unas espaciosas instalaciones donde los y las artesanas venden sus productos, bellísimos, por cierto, a unos precios módicos, además, en esa casa del artesano, te invitan a una sala donde te proyectan una serie de videos para ilustrarte de la historia y la cultura del municipio, todo bajo la orientación de una amable mujer que funge como guía turística.

    Una calle empinada y algo retorcida te lleva, bajo la orientación de tablillas, a la “Casa museo Julio Flórez”, la cual está a un lado de una especie de plaza abierta, la que en la parte baja tiene una especie de Ágora” conformada por una gradas en semi circulo que bajan hasta una pequeño estrado o platea, la que utilizan para explicar al turista la historia del pueblo, al lado de esta platea se encuentran tres pozos artesanos, de los cincuenta que tiene el pueblo, cada uno con rotulado con su nombre de antaño y las propiedades minerales de dicha agua.

    Para entrar a la Casa Museo Julio Flórez, debes recibir una corta inducción en un local al frente, donde te indican cómo comportarte al interior del museo y en un video te cuentan algo de la historia de la casa y te muestran el estado ruinoso en que estaba (a punto de caer) y como la Fundación que la tomó en comodato la ha restaurado con dinero del Estado y que ahora la administra, ahí la fundación te vende unas boletas que garantizan tu entrada.

    Entras a la Casa del poeta y te encuentras con algunas fotografías del bardo con su señora, los muebles de la época que el usó, un juego de comedor, una consola escritorio, su cama y en una pieza aledaña su tumba. En las paredes de la casa hay textos enmarcados de algunos de sus poemas populares y en el patio la cocina de fogón alzado donde preparaban sus alimentos. Un caso curioso: El guía que nos recibió dentro del museo y nos dio las explicaciones, nos dijo que él era empleado de mantenimiento de la casa, que él le hacía aseo y limpiaba el patio y atendía los jardines, pero que la fundación le había dado una capacitación sobre Julio Flórez y entre semana, atendía a los turistas, porque por la politiquería la administración municipal había recortado los presupuestos de administración con que la fundación mantiene la casa. Usiacurí vive y se conoce por la historia del poeta Julio Flórez, que llegó enfermo a ese pueblo buscando las aguas medicinales de sus pozos para curar un mal gástrico que lo aquejaba y que allí encontró la cura para su mal y el amor de su vida.

    En la platea frente al museo, nos detuvimos y sentados en las gradería nos pusimos a explicarles a los nietos quien había sido Julio Flórez, muy cerca a nosotros nos escuchaba un hombre menudo de tex blanca y pelo canoso, el cual se acercó y muy amablemente entabló conversación con nosotros, nos dijo llamarse “El Papi Jimmy” y comenzó a contarnos su propia versión de Julio Flórez, con una forma curiosa de hablar, matizando su narración con términos coloquiales, tales como: ese mán era un bacán que le jalaba al traguito y al tabaquito de yerba, en Bogotá lo iban a quebrar por ser un “necrófilo”, es decir, nos explicaba, le gustaba hacer el amor con doncellas muertas, pero llegó aquí a Usiacurí, precedido de su fama de poeta y lo invitaron a la ceremonia de graduación del colegio femenino y una niña de 16 años con cuerpo de mujer, recitó un poema, un poema del poeta.

    Esto le llamó la atención al mán, prosigue el Papi Jimmy, y le metió el ojo a esas tetas bellas que portaba la joven y quedó perdidamente enamorado de ella, por tanto, se casó con ella y tuvo tres hijos, pero no la pudo saborear con su tabaquito, solo 14 años, porque se le murió la esposa. Mientras que contaba su versión con mímicas y detalles, mis nietos no aguantaban la risa y se secreteaban al oído.

    Conclusión, si Usiacurí, vive de Julio Flórez y su artesanía, bajo el auspicio del gobierno del departamento del Atlántico, ¿por qué Aguachica, ¿Río de Oro, Gonzales no lo pueden hacer? O por qué Tamalameque Con tanta leyenda (La Llorona, La Luz corredora, el cuero arrastrao, entre otros), con la ciénaga de La Zapatosa, La ciénaga del Cristo, ¿El río Grande de la Magdalena, La Tambora, su cultura, su folclor, su historia y su tradición no lo hace? Será que los clanes atlanticenses, a pesar de las criticas invierten en sus municipios, ¿será que son más inteligentes que los nuestros?


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