YAHODYN, Ucrania — Muchos creían que el peligro había disminuido considerablemente.
En el trayecto de nuestro tren, que se dirigía hacia el oeste desde Kiev en dirección a la frontera con Polonia, ya habíamos pasado por dos evacuaciones. Entre los viajeros, circuló la noticia de que una explosión, que se había escuchado dos horas antes, había impactado en una gasolinera cercana. Este tipo de ataques se había convertido en una experiencia habitual para los ucranianos que, bajo la constante amenaza del bombardeo ruso, habían observado un patrón: los ataques se dirigían a la infraestructura, pero el tren permanecía a salvo.

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