Y   DESPUÉS DE ELECCIONES, QUÉ?  

0
167
Publicidad

“El hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe además del hombre”

Probado es que cuando los estúpidos participan en la dirigencia de las comunidades, apuntaladas en corrupción e ignorancia connivente con sus mismos electores, el panorama democrático y libre cambia ostensiblemente, mostrando cómo la riqueza se destruye, y la misma colectividad se arruina, envilecida por el cambio de paradigmas éticos y morales, que amparan los principios y valores formales de la sociedad.

Con esto se ha estipulado técnica y filosóficamente que —los estúpidos, en buen numero tienen el mando, mientras los malvados están al acecho usufructuando medidas de protección, y disfrutando de ganancias preconcebidas perversamente, en tanto los contados inteligentes arremeten, esgrimiendo argumentos para defender la democracia y promover la conservación de los principios y valores fundamentales, que aseguren la convivencia y felicidad, de la gran mayoría de incautos, amontonados paquidérmicamente, en potreros de indolencia e indiferencia.

Ésta conducta y exhibición de poder, ha sido permitida y establecida por la misma comunidad, que se mantiene atenta a tildar con masoquismo la procedencia de lo que se ha de robar el elegido, no hace por deducir que el político en nada le ha de favorecer, si no está primero la satisfacción de su interés personal, pero realmente tampoco asume una verdadera posición crítica  que examine en el candidato, las cualidades y calidades por las que ha merecido su auto-nominación y se le entrega temporalmente la extensión del poder soberano.

Cuando un político promete ayudar, hay q estar muy alerta porque de seguro te va a joder. Dicen por ahí, con suficiente argumentación buscando una reflexión útil extrayéndola de aquella anécdota sobre el renombrado político multimillonario, que transitaba en su gran camioneta súper especial  “ForNiCar Deluxe Edition LXT ” y encontró a dos hombres a la orilla de la carretera, tal cual, en un potrero… Saboreando el pasto.

Bastante intrigado, hizo que el conductor estacionara el espacioso vehículo, a la vera del camino, sobre la berma de la avenida y descendió ceremonioso para indagar por la inusual actividad. Llamó a uno de ellos.

—Dígame, muchacho. ¿Por qué están comiendo pasto?

—Señor, no tenemos dinero para comprar comida y por eso lo comemos.

—Bueno, entonces ¡vengan a mi casa y yo los alimentaré! Lo dijo con marcado atributo bondadoso y humanitario, el político.

—Gracias señor, pero me acompañan mi mujer y esos dos mocosos que están allí…a la sombra de aquel árbol.

—Que vengan, y Ud. también mi amigo, refiriéndose al otro pobre hombre.

Éste con voz lastimera y cogitabunda le hizo saber:

— ¡Pero señor, yo también tengo esposa y cinco hijos conmigo!

—Que vengan ellos, que vengan… les insistió el político.

Todos se acomodaron en el lujoso carro, aunque un poco apretujados pero al fin y al cabo, con alegría y entusiasmados, por lo que uno de los hombres se atrevió decirle.

— ¡Señor, Usted es muy generoso, es muy bueno. Gracias por llevarnos a todos!

El político le contestó complacido y halagado:

—No, hombre. Bienvenidos todos. No tengan pena, estoy feliz de hacerlo y de haberlos encontrado…les va a encantar mi casa. ¡El pasto, allá está como de metro y medio de alto!

Muchos comen hierba verde antes y después de las elecciones.

Marzo de 2018.
alfonsosuarezarias@gmail.com
@SUAREZALFONSO