Total, la mayoría no les cree –

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Por: Diógenes Armando Pino Ávila

    El periodismo es una de las profesiones más nobles que existe, su labor de informar, de presentar los hechos o sucesos noticiosos en forma objetiva, desprovistos de apasionamientos y mezquinos intereses, le hacía una profesión de fuerte soporte ético y moral, los periodistas que informaban sin sesgo (aunque es papel difícil) existían y todavía algunos subsisten.

      Estos periodistas de trabajo objetivo de pluma fluida pero blindada contra el halago y la coima, hacían de su vida una aventura llena de peligros, cubierta por el romanticismo que atraía a jóvenes y mayores, eran adalides de la justicia, eran el espíritu rebelde y la voz de los acallados, de los desvalidos, de los dominados, de los que no tenían voz, de los amenazados. Eran personas de un valor inconmensurables capaces de desafiar un sistema, denunciando sus crímenes, sus abusos y sus desafueros.

     Los periodistas éticos de antaño y de ahora siempre fueron perseguidos, amenazadas, asesinados, los regímenes los perseguían, por lo cual operaba una red de apoyo y solidaridad donde los escritores y periodistas brindaban ayuda, auxilio, hospitalidad a los perseguidos, el exilio era el camino para salvar la vida, eran y son seres indoblegables, rebeldes comprometidos con la verdad, guardianes de la justicia, fustigadores de corruptos y criminales.

    Todavía los hay, y hacen parte de diferentes vertientes, liberales, conservadores, progres, son los que sin importar su ideología no ideologizan su profesión, los hay, aunque parezcan raros existen en Colombia, muy a pesar de su callada labor y su bajo perfil, se mantienen.  Algunos han tomado como sitios de trabajo la prensa alternativa, las redes, los Blogs, páginas de noticias y en estos medios desarrollan la labor de informar. Algunos de estos confrontan las noticias falsas que se dan a diario en la prensa tradicional, muchos fungen como tictoker, youtubers, blogueros, tuiteros y desafiando al mundo, promulgan contra viento y marea noticias que la prensa tradicional calla y oculta con maquillajes cosméticos para que el público no se entere. Como en antaño, muchos no tuvieron otro camino que el exilio para salvar su vida, podemos mencionar a Daniel Coronell y Gonzalo Guillén que desde el exilio destapan ollas podridas de crímenes y corrupción.

    Hay otros que han pervertido el sagrado oficio del periodista, los hay que perdieron la vergüenza y desconocen la ética, soslayan la moral utilizando el burladero del derecho a la opinión, y aún sabiendo que entre noticia y opinión hay una diferencia abismal, juntan esas orillas distantes y pervierten la noticia informando sucesos más con las ganas que con la razón. Estos promueven ideologías, partidos, oscuros personajes que sin la complicidad de algunos medios no pasaría de ser solos ilustres desconocidos.

    Periodistas, estos últimos, que sirven de caja de resonancia a clanes, mafias enquistadas en el poder, poniendo en marcha la maquinaria de la desinformación mediática, haciendo sicariato periodístico, macartizando personas con valía y catapultando a petardos descerebrados como algunos delfines que fungen como senadores y representantes, magnifican oscuros personajes que se camuflan con avales de etnias o que con engañifas obtuvieron aval de partidos alternativos pero que al obtener la credencial mostraron sus mezquinos intereses vendiéndose al que compra mayorías para evitar proyectos que beneficien al pueblo.

     Algunos periodistas y periodistas se han empecinado a distorsionar la realidad política, social y económica que vive Colombia en estos momentos, han convertido las primeras páginas de los periódicos y la caratula de las revistas a jugar un papel publicitario de algunos personajes copiando el cliché de las revistas pornos y de algunos almanaques que promocionaban a esas modelos despampanantes y cuerpos monumentales con que ilustraban sus publicaciones mostrando a dichas chicas totalmente desnudas, tetas al aire, para atraer lectores y aumentar sus ventas.

    Algunos de estos periodistas, encasillados en esos medios parecidos a pasquines, insisten, fustigan, desacreditan, propalan follones, fake news, practican el sicariato moral, destruyen proyectos, sin ninguna prueba, solo sustentados en devengar el salario por hacer el mandado, esperando, sospecho yo, que el gobierno contra ataque, los persiga para así salir exiliados a disfrutar de ese paso romántico de los grandes periodistas de talla y talante ético que hubo en el pasado y que todavía los hay.

     Ojalá el gobierno no cometa el desatino de intentar callarlos, de cerrar esos medios, de perseguirlos, pues eso sería un premio para ellos, creo que lo ideal es lo que el gobierno ha hecho hasta ahora, dejarlos y que sea la realidad la que los desmienta. Total, ya la mayoría de colombianos no cree en ellos.  


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