http://joanpa.com/news/2014/02/el-tal-cacerolazo-si-existe

¡El tal cacerolazo sí existe!

En Wikipedia se define el cacerolazo como una forma de manifestación autoconvocada por un grupo de personas, o bien respondiendo al llamamiento de una agrupación política u otro tipo de organización, generalmente en contra de un  gobierno o de determinadas decisiones o políticas gubernamentales, y muy raramente en pro de una causa. Su característica más destacada, y que la distingue de otros tipos de protesta, radica en que los manifestantes expresan su descontento mediante ruido acompasado, a una hora acordada de antemano (o en otros casos en forma espontánea), desde sus propias casas y sin necesidad de concentrarse en un lugar determinado, asomándose a ventanas y balcones o en los antejardines de las casas, y blandiendo rítmicamente los objetos que tienen a mano (comúnmente, cacerolas, ollas y otros utensilios). Antes se convocaba boca a boca; hoy por las redes sociales en internet.

 

Esta forma de manifestación nació en América Latina, en Chile, en la década del 70. La Gran burguesía de Santiago mostró su descontento con el gobierno popular de Salvador Allende con cacerolazos  en el centro de la capital chilena. Años después, en la década del 80, con la dictadura militar de Augusto Pinochet instalada en el país, esa forma de protesta la llevó adelante la oposición en los livings de las casas: fue una manera de evitar la represión física en las calles.

 

El invento de los ricos para protestar fue copiado por los sectores populares, y hoy el tal cacerolazo se usa en todo el mundo. Y Aguachica hace parte del mundo. Las autoridades y dirigentes no se pueden equivocar al menospreciar/ condenar estas formas de expresión de rabia de dichos sectores. Al principio parecen insignificantes, pero si tienen fundamento, se pueden convertir en su gran tormento.

 

O si no, que lo diga el presidente Santos, cuando desafió la civilidad y virilidad de los campesinos al burlarse del tal paro que organizaban. La protesta pacífica es legal, necesaria y debe respetarse, por pequeño que sea el número de participantes en ella.

 

“Será que con un cacerolazo va a recoger agua mañana la quebrada Buturama”, desafió el señor alcalde al primer cacerolazo en la historia de Aguachica.  En el mismo tono, Andrés Rangel sentencia que “…los sibaritas de lo social en nuestra ciudad han inventado el sofisma distractivo que si dándole a una olla, brotará agua de nuestros grifos.” (Sic).

 

Obvio que no. La solución a la sequía en el acueducto, lógico, es que haya agua en él; la protesta en sí no es la solución, pero sí es un medio legítimo de manifestar el descontento por el nulo servicio de agua que se presta en Aguachica. O como lo dice Andrés Rangel: “No se puede confundir el signo con la solución. El signo, o acto social simbólico habla de una realidad y como tal de un inconformismo social. La solución debe brotar de quienes ostentan responsabilidad social. No corramos ante la crisis; ella nos conducirá a la construcción colectiva de las auténticas respuestas y soluciones”. Pero este cacerolazo, y otras formas de protestas más organizadas y contundentes, hacen que aparezca la voluntad política que les ha faltado a los gobernantes para que el agua llegue a las casas.

 

PRIMER RECREO:Terminando de escribir esta columna, 9 de la noche de hoy miércoles, me reportan los resultados del segundo cacerolazo. No vaya y sea que le pase al alcalde con el tal cacerolazo,  lo del presidente con el tal  paro campesino.

 

SEGUNDO RECREO: Con todo respeto, pero La Voz de Aguachica no debió abrir  el noticiero del miércoles pasado con semejante desinformación: “CUAL CACEROLAZO!! LA TAN CACAREADA MOVILIZACIÓN PARA PROTESTAR POR LA FALTA DE AGUA FUE UN ROTUNDO FRACASO”

 

CACHADERA DE CLASE: Se repite la historia: cada vez que el pueblo manifiesta su inconformidad, se le calma con anuncios de Consultas, Foros, y ahora Conversatorios. Se gana tiempo, pero el problema no se soluciona.

Oscar Hernán Pallares Ropero

Oscar Hernán Pallares Ropero

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