http://joanpa.com/news/2010/12/el-ano-assange

El año Assange

Assange tiene todos los componentes para ser el gran triunfador de un año perro como el que se nos va. Y el hecho de que Time se haya negado a colocar su rostro en portada es una nueva victoria suya

Los lectores de la revista Time decidieron que el hombre del año era Julian Assange, el de Wikileaks, y se encontraron con que en la revista Time no aceptaron su elección y decidieron dar el título al fundador de Facebook, no por nada particular que el muchacho hubiera hecho este año, salvo ganar millones, sino por haber inspirado una película en la que queda bastante mal y contra la que compitió dando una bolsas de millones a causas humanitarias. La revista Time ya tiene muchos años y mucho prestigio como para saber que las elecciones no son inocentes, y que quien se arriesga a convocar una está tentando al diablo: le hubiera bastado recordar tantos casos de dictaduras que deciden convocar unas elecciones seguras de ganarlas, como Pinochet en Chile o lo sandinistas en Nicaragua, y encontrarse con un resultado adverso. No les ha quedado más remedio que amañar el resultado: antes apedreados por hacer trampas, que colocar a un enemigo público en portada.
La cosa suscita unas cuantas reflexiones: la primera, lo poco que dura un año. Un año dura una semana, un mes como mucho, quiero decir, la gente elige lo más llamativo del último mes, no se acuerda de lo que pasó en enero, el invierno pasado está tan lejos ya como el siglo XII, la gente destacada de entonces ha vuelto apaciblemente, o casi, al anonimato. Assange es sin duda el rostro del mes, y que ese mes sea diciembre, permite que los electores de Time lo tengan tan fresco como para decidir que es también el rostro del año: deberíamos empezar a bautizar los años con nombres propios para que la memoria distinguiese entre unos y otros, porque si me preguntan quién fue el hombre, o la mujer, del año 2009, no tengo ni idea, pero me acordaría si hubiéramos bautizado el año 2009 con su nombre, como ocurre en una novela de David Forster Wallace en la que las marcas se publicitan comprando años, poniéndole su nombre a un año, y así 2008 deja de llamarse 2008 para llamarse el año Adidas, como 2009 deja de llamarse 2009 para llamarse el año Nike.
Pero Assange tiene todos los componentes para ser el gran triunfador de un año perro como el que se nos va. Y el hecho de que Time se haya negado a colocar su rostro en portada es una nueva victoria suya, lo consagra como el malo que en realidad es bueno, el perseguido por el poder que pone de manifiesto que el poder está lleno de cloacas, y saca a la superficie el hedor inmundo de esas cloacas, y consigue, al ser perseguido, que una multitud lo apoye, y utilice sus armas, que son armas nuevas, hackers contra policías. Curiosamente los dos nombres en pugna, el del chaval de Facebook y el de Assange, son representativos de la nueva era: los dos han sido lanzados a la fama representando las posibilidades de la red que nos ha atrapado, y en la que uno ha causado sensación con un invento banal que sirve fundamentalmente para expandir la banalidad, y el otro ha causado sensación subiendo a la red documentos prohibidos que de repente han estado al alcance de cualquiera (documentos, todo hay que decirlo, llenos de banalidades, de opiniones vulgares y corrientes, pero también de algunos datos preciosos que han puesto en evidencia cómo se las gasta el cuerpo diplomático del Imperio: si, como quieren algunos, Wikileaks no hubiera hecho nada del otro mundo al publicar sus montañas de documentos confidenciales, no se perseguiría a Assange como se le persigue). Son, por decirlo así, las dos caras de las posibilidades de la red, y Time ha preferido la cara menos significativa, antes que la del malo/bueno de película, pronto habrá una película o varias sobre Assange, con sus escenas de sexo tórrido, pues se juzgará a Assange, no por revelar documentación perniciosa, sino de abusos sexuales, denunciado por dos suecas que lo acogieron en sus casas y mantuvieron relaciones con él. Así que yo también hubiera votado a Assange si fuera suscriptor o lector de Time, su irrupción meteórica en la realidad de todos ha sido espectacular en todos los sentidos, y aunque esté por ver que toda esa información de Wikileaks sirva para algo más que para que documentemos lo que más o menos sabíamos y para que los tertulianos tengan muchos chascarrillos a los que agarrarse, no hay duda de que el ruido que ha hecho en todo el mundo, gracias más a su persecución que a sus logros patentes, no tiene comparación. Porque además, uno de sus grandes logros ha sido, orquestar una genuina alianza entre los nuevos medios y los medios tradicionales: no se olvide, si Wikileaks no hubiese filtrado todo su arsenal de documentos confidenciales mediante grandes cabeceras periodísticas, en papel, el alcance y el impacto de sus revelaciones hubiera sido mucho menor.
En cuanto a los rostros del resto del año, naturalmente se diluyeron por el desagüe del tiempo, pues todo va tan aprisa que no podemos retener a un campeón de la actualidad más que un instante. Por supuesto, para los españoles, el año se debería llamar Año Iniesta, o quizá Año Del Bosque, pues si como querían los romanos al pueblo hay que darle pan y circo, este año el circo nos ha dado con la copa del Mundo de fútbol mucho más que el pan, que sólo nos ha dado disgustos, los mismos que, según todas las previsiones, nos va a seguir dando el año, aún sin nombre, que se nos viene encima.

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